Cuando entre en aquel bar no esperaba encontrarme con ella, era una tarde lluviosa y fría del invierno de la ciudad de Madrid, yo me encontraba dando una vuelta por una de sus calles, esas calles por la que puedes pasar mil veces y siempre te sorprendes porque descubres cosas que antes no habías visto, cuando me sorprendió la tormenta, entonces decidí meterme en el primer bar que vi.
Cuando abrí la puerta del bar, el humo del tabaco y el fuerte olor a café invadió mi cabeza, era un olor que me agradaba pero que a la vez no me gustaba nada. Me dirigí rápidamente hacia la barra del bar y pedí un café bien caliente, necesitaba quitarme el frio que había anidado en mis huesos. Busqué una mesa en la que sentarme. Diez minutos después de que yo entrase, entró ella. Llevaba una larga gabardina blanca únicamente abrochada con un nudo en la cintura, estaba empapada porque aun seguía lloviendo. Se dirigió a la barra, pero antes miro a su alrededor como si buscase a alguien, entonces yo me levanté de la mesa y me dirigí hacia ella, no sabía que iba a decirle pero tenía que decirle algo. Finalmente me decidí y le dije:
— Hola, te he visto entrar y no he podido resistirme a venir aquí, ¿te importaría sentarte conmigo?
A lo que ella respondió, con una voz suave, que encandilaba nada más oírla:
— Claro, por qué no. Gracias.
Nos sentamos en la mesa donde estaba sentado antes y comenzamos a hablar, ella me dijo que se llamaba Eva, y estaba de visita en Madrid. Cuando paró de llover salimos del bar y continuamos hablando, para mí el tiempo pasaba muy rápidamente y cuando nos quisimos dar cuenta ya eran las doce de la noche, entonces ella me dijo que debía irse, pero yo no quise y le ofrecí que se viniese a mi casa a pasar la noche, pero ella agradecida me dijo que no podía, entonces la cogí de la mano y le dije que quería verla al día siguiente, ella tardó un poco en contestarme, pero finalmente me dijo que si y nos separamos.
Esa noche no dormí, no podía quitármela de la cabeza, la imagen de ella entrando en el bar rondaba mi mente.
Al día siguiente quedamos en el mismo bar donde nos habíamos encontrado la tarde anterior, yo llegué primero, pero no tuve que esperar mucho para verla aparecer, más bella que la primera vez, llevaba un abrigo negro y su pelo fluía como un torrente de oro ondulado hacia su hombro izquierdo. En ese momento me pareció estar soñando. Fuimos a dar un paseo por las calles de Madrid y más tarde entramos a una cafetería, cuando nos sentamos, ella me miro con sus ojos esmeralda y volví a soñar despierto. Entonces junte todas mis fuerzas y decidido le dije:
— Te quiero. Desde que entraste en aquel bar ayer por la tarde no he podido dejar de pensar en eso, y necesitaba decírtelo.
Al decirle esto sentí un gran alivio en mi interior, ella se acerco lentamente y nos besamos apasionadamente, yo me sentía como en otro mundo, y en aquel momento, el tiempo pareció pararse solo para nosotros dos.
En ese momento me desperté súbitamente y empapado en sudor, un sudor frio, cuando me situé me di cuenta de que estaba en mi habitación y que había una figura a mi lado que me hablaba. Era ella, Eva.
— Tranquilo, solo ha sido un mal sueño- me dijo con su cálida y dulce voz.
