jueves, 25 de marzo de 2010

La realidad mató al gato



Es alucinante ver como tu mente es capaz de auto-engañarte durante todo el tiempo que sea necesario (días, meses o años incluso) para que no sufras. Es decir aunque tú seas completamente consciente de un hecho, si tu subconsciente se niega a aceptarlo, este hará todo lo posible para que te acabes olvidando de ello y de todo lo relacionado con ese hecho que te podría producir dolor.

Pero el subconsciente no puede ganar siempre, aunque hay veces que es deseable que la batalla entre la realidad del mundo exterior y la realidad trastocada por ese subconsciente protector, no acabe nunca. Pero como dicen “la curiosidad mató al gato” y en este caso el gato es el subconsciente, el hombre es curioso por naturaleza, sin esa curiosidad innata no estaríamos donde estamos y eso está muy bien, pero la curiosidad es una arma de doble filo, digamos que es como una “Gillette”…que corta por los dos lados. Es decir por un lado nos ayuda a llevar nuestra vida con un poco mas de alegría por eso del misterio que le da a esta, pero haciendo referencia al conocido refrán por el otro lado hay veces que es mejor no ser curioso, ya que entonces es cuando la “REALIDAD” (así escrita en mayúsculas) le gana la batalla al subconsciente y es en ese instante cuando te das cuenta de cosas de las que preferías no haber oído nunca o al menos que siguieran ocultas tras la pequeña muralla de nuestra realidad ilusoria.

El gato ahora está muerto, ni siquiera moribundo, no, está muerto, no hay un término entre el gato vivo y el gato muerto, este no es el experimento de la caja y el gato de Schrödinger, el gato no puede estar muerto y vivo a la vez, es más, solo se puede tener la certeza o de que el gato está vivo o de que el gato está muerto. El gato siempre muere a manos de la “REALIDAD” la cual suele ser ayudada por la curiosidad que actúa mediante un agente externo o normalmente a través de ti mismo. La curiosidad te suele incitar a hablar más de la cuenta o hacer las preguntas apropiadamente inapropiadas y una vez el mecanismo de la curiosidad ha sido activado es prácticamente imposible pararlo, es como si solo necesitase de un pequeño empujón o de una pequeña chispa que le infunda vida propia, y una vez esta chispa le ha sido infundida la curiosidad adquiere movimiento propio y a placer, lo cual le permite siempre hacer lo que le venga en gana.

Pero en fin, ahora la imagen mental que se presenta ante mí es la de la realidad mirando fijamente al suelo y señalando algo, la curiosidad detrás de esta carcajeándose y señalando también a ese algo, un algo que es un gato llamado subconsciente que ha muerto de la forma más limpia imaginable velado por tú propia realidad, que mira a la otra con cara de desprecio.

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