jueves, 10 de junio de 2010

Vosotros

Vosotros, si vosotros, sabéis a quienes me refiero, gracias por NADA, o quizá sí que debería agradeceros algo….debería agradeceros que NUNCA estéis ahí cuando se os necesita, vuestro apoyo nulo en cualquier situación.

Debo agradeceros lo cabrones que he descubierto que podéis llegar a ser, simplemente por el mero hecho de vuestra supuesta superioridad, de que veis el mundo desde un atril, una torre de marfil donde nada ni nadie puede dañaros.

También debo daros las gracias no solo por no ayudar a nadie que se lo merezca, sino además por entorpecernos en todo lo posible el buen camino que cualquiera de nosotros lleva en su vida, os agradezco también todas las discriminaciones que lleváis a cabo todos y cada uno de los días del año, hacia nosotros que somos tan iguales como un par de gemelos.

Os agradezco que seáis injustos con gente justa, os agradezco que obréis a placer vuestro, que por vuestra culpa varios de nosotros, gente que no somos vosotros nos transformemos en vosotros, asegurándoos así una sucesión segura.

Gracias a todos vosotros (profesores cabrones e injustos, políticos aberrantes e intolerantes en general, periodistas de ideas “prehistóricas”…) por hacer que el mundo resulte para nosotros (estudiantes, niñ@s, gente pobre, homos, heteros…) un poco más difícil, porque si no sería muy aburrido ¿no?

Gracias desde lo más profundo de nuestro corazón, cabrones

lunes, 29 de marzo de 2010

Absurdos


Absurdo, ¿qué es algo absurdo?, según la RAE y su diccionario la palabra absurdo se define como:

1. Contrario y opuesto a la razón; que no tiene sentido.; 2. Extravagante, irregular.; 3. Chocante, contradictorio.; 4. Dicho o hecho irracional, arbitrario o disparatado.

Pues bien yo no creo que las definiciones que la sabia RAE da de la palabra absurdo sean del todo acertadas, porque ¿no puede ser algo absurdo la idea más ingeniosa que jamás se te pueda ocurrir? O es que a caso el hecho de ponerle un palo a un trapo para fregar no era absurdo, porque teniendo manos y pudiéndose agachar para que necesitaríamos un trapo con un palo, pues bien ese trapo atado a un palo al que ahora todo el mundo llama fregona y que todo el mundo tiene, fue uno de los grandes inventos domésticos de la historia.

O por ejemplo las pinturas de Dalí, considerado uno de los grandes genios de la pintura del pasado siglo, todas son un absurdo, pero sin embargo la gente las tiene como algo maravilloso de suma belleza incluso se pagan fortunas por tener una de ellas.

También es un absurdo, al menos a mi entender, la relación humana en lo que conlleva al acto de amar a alguien, pero no ese amor que puede sentir una madre por sus hijos o un hermano por su hermana, sino al acto de amar con implicaciones sexuales, es decir en lo que concierne al amor que lleva al acto reproductivo. ¿Por qué nos atrae una persona determinada o por qué nos deja de atraer?

Son cosas que aunque son un absurdo, la gente las tiene como lo más normal y común, claro que en realidad lo normal o lo común no tienen porque no ser absurdo, es más en la mayoría de los casos lo absurdo es lo normal.

Incluso esta humilde reflexión que estoy haciendo ahora mismo, a las tres de la madrugada, es totalmente absurda, rebosa absurdez por todos los lados, es tan absurda que si se diese el caso de que siguiese con ella, llegaría el momento en el que perdiese todo hilo de razonamiento lineal y se convertiría en un mero galimatías que ni yo mismo entendería.

Pero he ahí la belleza del absurdo, que no se entiende, lo cual me lleva a acabar dándole la razón a nuestra querida RAE, que nos enseña cada día a hablar mejor, diciendo que las definiciones de absurdo que se nos exponen en su diccionario son verdad, una verdad absoluta, pero aun así no es una verdad única, ya que haciendo referencia a las primeras líneas de esta absurda reflexión lo absurdo puede serlo y no, todo a la vez.

jueves, 25 de marzo de 2010

La realidad mató al gato



Es alucinante ver como tu mente es capaz de auto-engañarte durante todo el tiempo que sea necesario (días, meses o años incluso) para que no sufras. Es decir aunque tú seas completamente consciente de un hecho, si tu subconsciente se niega a aceptarlo, este hará todo lo posible para que te acabes olvidando de ello y de todo lo relacionado con ese hecho que te podría producir dolor.

Pero el subconsciente no puede ganar siempre, aunque hay veces que es deseable que la batalla entre la realidad del mundo exterior y la realidad trastocada por ese subconsciente protector, no acabe nunca. Pero como dicen “la curiosidad mató al gato” y en este caso el gato es el subconsciente, el hombre es curioso por naturaleza, sin esa curiosidad innata no estaríamos donde estamos y eso está muy bien, pero la curiosidad es una arma de doble filo, digamos que es como una “Gillette”…que corta por los dos lados. Es decir por un lado nos ayuda a llevar nuestra vida con un poco mas de alegría por eso del misterio que le da a esta, pero haciendo referencia al conocido refrán por el otro lado hay veces que es mejor no ser curioso, ya que entonces es cuando la “REALIDAD” (así escrita en mayúsculas) le gana la batalla al subconsciente y es en ese instante cuando te das cuenta de cosas de las que preferías no haber oído nunca o al menos que siguieran ocultas tras la pequeña muralla de nuestra realidad ilusoria.

El gato ahora está muerto, ni siquiera moribundo, no, está muerto, no hay un término entre el gato vivo y el gato muerto, este no es el experimento de la caja y el gato de Schrödinger, el gato no puede estar muerto y vivo a la vez, es más, solo se puede tener la certeza o de que el gato está vivo o de que el gato está muerto. El gato siempre muere a manos de la “REALIDAD” la cual suele ser ayudada por la curiosidad que actúa mediante un agente externo o normalmente a través de ti mismo. La curiosidad te suele incitar a hablar más de la cuenta o hacer las preguntas apropiadamente inapropiadas y una vez el mecanismo de la curiosidad ha sido activado es prácticamente imposible pararlo, es como si solo necesitase de un pequeño empujón o de una pequeña chispa que le infunda vida propia, y una vez esta chispa le ha sido infundida la curiosidad adquiere movimiento propio y a placer, lo cual le permite siempre hacer lo que le venga en gana.

Pero en fin, ahora la imagen mental que se presenta ante mí es la de la realidad mirando fijamente al suelo y señalando algo, la curiosidad detrás de esta carcajeándose y señalando también a ese algo, un algo que es un gato llamado subconsciente que ha muerto de la forma más limpia imaginable velado por tú propia realidad, que mira a la otra con cara de desprecio.

domingo, 13 de diciembre de 2009

La vía



Era por la tarde, las estrellas empezaban a aparecer en el cielo. Era un día invernal, de esos en los que lo que más apetece es quedarse en casa al resguardo del calor que nos ofrece la calefacción. Una figura alta, delgada en la que se podían diferenciar las curvas que delataban que se trataba de una mujer joven. Estaba sola y pensativa mirando fijamente las vías del tren.

Por su cabeza normalmente pasaban millones de pensamientos por segundo, pero ahora sólo podía pensar en una cosa, sólo podía pensar en él, la persona a la que más amaba…, la persona a la que más odiaba.


Se preguntaba por qué le había dicho eso aquella mañana. “¿Qué le habrá dicho?” se preguntarán ustedes. Es lo mismo que me preguntaba yo, cuando la miraba fijamente a través de la ventana de mi habitación, donde normalmente no se ve nada interesante y por la cual no suelo mirar mucho, Ahora doy gracias a que ese día estuviese mirando por la ventana. El pensamiento de la figura frente a las vías vagaba hacia aquel muchacho, su amor secreto, tan arrogante, tan frío. Vagaba hacia el momento en el que ella había decidido confesarle sus sentimientos, hacia las palabras que solo unas horas había recibido de él como respuesta.


Yo, movido por la curiosidad que me inspiró esta joven, bajé hasta la vía donde ella estaba. Sin que me viese me situé en un sitio desde donde podía oír las lamentaciones y sollozos que murmuraba. Fue cuando me percaté de que el mal que la acaecía era mal de amores.De repente la tintineante luz de un tren apareció en la lejanía. Se acercaba a gran velocidad. Entonces la joven se puso en mitad de la vía, yo viendo esto, salí corriendo para llevármela lejos de allí.


Justo en el momento en el que me la lleve de allí. Se echo a llorar sobre mis hombros. Le daba igual que yo fuese un completo desconocido. Yo la así de los hombros y le pregunte por qué lloraba. Ella, con lágrimas aún en sus ojos, me lo contó todo, pero cuando acabo me dijo –Ya no importa nada, porque me he dado cuenta de que en realidad sí le importo a alguien-.


Hace ya seis meses de aquella tarde en la que descubrí a la figura mirando a las vías, y desde entonces somos inseparables, ahora soy yo el que tiene que decidir si decirle las mismas palabras que ella le dijo a aquel muchacho y que la llevaron las vías.

Deséenme suerte…

martes, 8 de diciembre de 2009

A Juan Lafuente Mendicute



Juan era uno de esos profesores que te marca en la vida y aunque muchos ya lo sabíamos hoy lo hemos redescubierto de la forma que menos nos hubiese gustado, porque con su pérdida no solo perdemos a un excelente profesor de matemáticas también perdemos a una persona maravillosa, alguien que aunque te viese destrozado siempre tenía las palabras adecuadas para alegrarte, alguien con el que poder echarte unas risas y alguien que te aconsejase.

Solo de pensar que ya nuca volveremos ver su Golf blanco aparcado a la entrada del instituto, y que no le volveremos a ver pasear por los pasillos del instituto corriendo para ir a dar clase o que ya no nos volverá a pedir el “Documento Nacional de Identidad” para poder salir fuera en el recreo…se me pone un nudo en la garganta y los ojos se me ponen vidriosos.

Pero tenemos que pensar que hemos sido afortunados de haberle conocido y de que él haya cambiado algo nuestras vidas.

Juan NUNCA te olvidaremos. Descansa en Paz
IES Pablo Neruda
Rememori

sábado, 5 de septiembre de 2009

Eva




Cuando entre en aquel bar no esperaba encontrarme con ella, era una tarde lluviosa y fría del invierno de la ciudad de Madrid, yo me encontraba dando una vuelta por una de sus calles, esas calles por la que puedes pasar mil veces y siempre te sorprendes porque descubres cosas que antes no habías visto, cuando me sorprendió la tormenta, entonces decidí meterme en el primer bar que vi.

Cuando abrí la puerta del bar, el humo del tabaco y el fuerte olor a café invadió mi cabeza, era un olor que me agradaba pero que a la vez no me gustaba nada. Me dirigí rápidamente hacia la barra del bar y pedí un café bien caliente, necesitaba quitarme el frio que había anidado en mis huesos. Busqué una mesa en la que sentarme. Diez minutos después de que yo entrase, entró ella. Llevaba una larga gabardina blanca únicamente abrochada con un nudo en la cintura, estaba empapada porque aun seguía lloviendo. Se dirigió a la barra, pero antes miro a su alrededor como si buscase a alguien, entonces yo me levanté de la mesa y me dirigí hacia ella, no sabía que iba a decirle pero tenía que decirle algo. Finalmente me decidí y le dije:

— Hola, te he visto entrar y no he podido resistirme a venir aquí, ¿te importaría sentarte conmigo?

A lo que ella respondió, con una voz suave, que encandilaba nada más oírla:

— Claro, por qué no. Gracias.

Nos sentamos en la mesa donde estaba sentado antes y comenzamos a hablar, ella me dijo que se llamaba Eva, y estaba de visita en Madrid. Cuando paró de llover salimos del bar y continuamos hablando, para mí el tiempo pasaba muy rápidamente y cuando nos quisimos dar cuenta ya eran las doce de la noche, entonces ella me dijo que debía irse, pero yo no quise y le ofrecí que se viniese a mi casa a pasar la noche, pero ella agradecida me dijo que no podía, entonces la cogí de la mano y le dije que quería verla al día siguiente, ella tardó un poco en contestarme, pero finalmente me dijo que si y nos separamos.

Esa noche no dormí, no podía quitármela de la cabeza, la imagen de ella entrando en el bar rondaba mi mente.

Al día siguiente quedamos en el mismo bar donde nos habíamos encontrado la tarde anterior, yo llegué primero, pero no tuve que esperar mucho para verla aparecer, más bella que la primera vez, llevaba un abrigo negro y su pelo fluía como un torrente de oro ondulado hacia su hombro izquierdo. En ese momento me pareció estar soñando. Fuimos a dar un paseo por las calles de Madrid y más tarde entramos a una cafetería, cuando nos sentamos, ella me miro con sus ojos esmeralda y volví a soñar despierto. Entonces junte todas mis fuerzas y decidido le dije:

— Te quiero. Desde que entraste en aquel bar ayer por la tarde no he podido dejar de pensar en eso, y necesitaba decírtelo.

Al decirle esto sentí un gran alivio en mi interior, ella se acerco lentamente y nos besamos apasionadamente, yo me sentía como en otro mundo, y en aquel momento, el tiempo pareció pararse solo para nosotros dos. Después de ese maravilloso instante salimos de la cafetería donde estábamos y seguimos andando por la calles de Madrid, los dos íbamos en un extraño estado de embriaguez, como si nos hubiésemos bebido una botella del más potente licor. Durante nuestro paseo por las calles correteamos y jugamos como dos niños pequeños, y fue en ese instante en el que ella descuidada se salió de la acera y un coche la atropelló.

En ese momento me desperté súbitamente y empapado en sudor, un sudor frio, cuando me situé me di cuenta de que estaba en mi habitación y que había una figura a mi lado que me hablaba. Era ella, Eva.

— Tranquilo, solo ha sido un mal sueño- me dijo con su cálida y dulce voz.

COMA


A su alrededor todo era de color blanco. Un blanco inmaculado, verdadero, sencillo. Era un blanco, qué decir, distinto de cualquier otro blanco del mundo. Era un blanco que no estaba solo ahí fuera, sino que él sentía como propio. Su cuerpo en realidad se mecía muy acompasadamente con toda la paz que reinaba allí. Era un lugar (¿cerrado o abierto?) sin horizonte alguno, que exhalaba una quietud perfecta. Su cabeza empezaba a relajarse sin ejercer resistencia alguna, dejándose llevar por aquella perfección tan profunda. Por primera vez en su vida, se sentía en paz con el universo. Entonces, un rumor empezó a temblar por aquel lugar tan claro y limpio. Era un rumor suave, sereno, como un arroyo de voces masculinas que se deslizaba fluidamente por allí. Cesaron. Respiró profundo y se descubrió a sí mismo descuidado y libre. Volvieron otra vez las voces, esta vez más tumultuosas y siguieron untando sus gorjeos por todas las ¿paredes? del lugar. El tiempo fue pasando sin que él pudiera ni quisiera contarlo exactamente. Las voces iban y venían, como parte de aquel maravilloso mundo en donde él ¿caminaba? Y se sentía a gusto consigo mismo.
De repente, en una de las veces en las que volvieron los coloquios, fue capaz de distinguir la voz de una mujer. Era una voz distinta de todas las demás, aguda, seria, con un deje de pena infinitamente terrible. Tanteó el ¿aire? En busca de esa voz pero venía, como las otras, de ninguna parte. Por primera vez comenzó a correr (aunque no parecía haber suelo alguno), tanteando el vacío blanco con las manos para intentar llegar a la mujer que se lamentaba no sabía de qué. Siguió deambulando desesperado y de repente algo le asaltó la cabeza.
Oyó el rugido de un motor. Todo se volvió negro progresivamente y empezó a oler a asfalto quemado. Roarrrrrrrrrrrrrrrrr. Los focos de un vehículo le deslumbraron y empezó a huir despavorido. Aunque fue incapaz de detectar ningún vehículo, empezó a correr y el bramido del dichoso motor se instaló su cabeza. Se agarró las sienes y empezó a correr desolado. El ruido era cada vez más y más fuerte. Le martilleaba cada fibra del cerebro. Sin aviso ninguno, sintió un golpe brutal en las costillas y se derrumbó al suelo. Gritó y no pudo oír ni su propia voz. Todo era una profunda y deslumbrante pena. Se quedó allí tirado, con el cuerpo destrozado, mucho tiempo (no sabría decir cuánto). No lloraba, solo encogía su cara en una dolorosa mueca de sufrimiento. Sentía que se dejaba llevar por todo aquel mal. Todo parecía ya el más horrendo de los fines. Sin embargo, las voces volvieron entonces. Unas voces graves, frenéticas, inmensas. También volvía con ellas la voz femenina y lamentosa . Ésta se paró alrededor de su maltrecho ser, como acariciándole el alma. Empezó a vibrar y a vibrar, con una fuerza silenciosa y constante. De repente sintió un grito dentro de sí: ¡no!




En ese mismo instante, en una habitación de un hospital y ante los atónitos ojos de un médico, un joven en estado de coma empezaba a llorar. Las lágrimas se deslizaban por sus demacrados pómulos. Al momento se incorporó bruscamente en su camilla gritando un “¡no!” asustado. Tenía una barba descuidada y el cuerpo maltrecho como el de un perro callejero. El médico musitaba que era imposible que se hubiese recuperado de un accidente de moto tan grave. Llamó a un enfermero. Entonces, una mujer menuda y presurosa se acercó corriendo al chico de la camilla. Llevaba ropa sudada desde hace muchos meses y los cabellos cobrizos salían grasientos de su cabeza. Se acercó al sudoroso cuerpo del chico y se fundió en un abrazo intimísimo con él. Mientras, exclamaba con una triste alegría: “Hijo, hijo… mi hijo… ¡estás vivo!”

viernes, 4 de septiembre de 2009

Presentación

Hola a todos los que entréis en este blog, en el mostraré cosas que me parecen interesantes o curiosas, como la música que me gusta, películas que he ido a ver y me han gustado o no, series de televisión, libros, etc.

También compartiré ideas con vosotros y espero que vosotros las compartáis conmigo, pero sobre todo con esto lo que hago es intentar hacer un blog que refleje como soy.

Bueno espero que lo visitéis y os guste